Si bien no se obsesiona por la búsqueda de temas, sí que observamos a lo largo de su carrera una gran pasión por la naturaleza. Su obra nos retrotrae a los paisajistas ingleses, ese empeño por plasmar la atmósfera, el aire, el cielo en todas sus manifestaciones que tanto nos recuerda a Turner. José Luis Castillo-Puche lo denominaba pintor del aire “…Cánovas se ha propuesto trasladar a sus lienzos las múltiples variaciones del aire desde el amanecer hasta la fabulosa puesta del sol e incluso la noche tenebrosa en su increíble riqueza cromática; porque la noche para Cánovas no es la oscuridad sin más, sino una oscuridad llena de matices.”
Cánovas, al igual que los impresionistas del S. XIX, busca lo efímero, ese instante fugaz que, aunque sea irrepetible, queda a buen recaudo en su memoria para, posteriormente, plasmar en el lienzo lo que queda de ese momento, el recuerdo.
El fin de su pintura es mostrar lo esencial de las cosas aunque no por ello resta importancia a los elementos que, deliberadamente, decide omitir. A pesar de ser un estupendo dibujante del detalle, se sirve de manchas de materia y ricos juegos cromáticos para sugerir y dar rienda suelta a la imaginación del espectador.
Es en 1964 cuando Cánovas comienza su dilatada trayectoria expositiva con su primera muestra individual en la galería Chys de Murcia. A lo largo de su carrera profesional se ha podido ver su obra en importantes galerías tanto de Murcia como de otras muchas ciudades españolas, Valencia, Barcelona, Madrid, Zaragoza… También le han sido otorgados numerosos premios que respaldan su prolífica carrera.

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